Horas extras no remuneradas

La vigilante del turno de mañana trabaja de tarde. Me paga el café y me cuenta que su hijo extraña al padre. El de mantenimiento, que bien se hubiera jubilado, se carga la acústica; no tiene mal tarareo, pero carece de gusto. Nos pregunta por nada, pero por demasiado. Mi jefa, con su vida en lista de espera, me hace un gesto, tal vez un tic. Volvemos a las sillas giratorias y quedamos girados. Revisamos el código y quedamos codificados. La vigilante hace su ronda con la vista en las llaves. Salgo a fumar y mi jefa sabe que no fumo. El de mantenimiento me acompaña. Sigue con su nada y se hace tanto, pero tanto. Sigo codificado y, mientras repaso mi vida, me pregunto qué farola se encenderá primero.