Terremoto

El lloro, las voces, los gritos. El mimbre del cesto de la ropa sucia estaba aplastado por el espejo del tocador y éste, a su vez, por el propio tocador, del que se había separado, pero no escapado. Vecinos en pijama, desnudos o improvisadamente vestidos. A mis pies, paredes caídas, ladrillos empapados y la peste de las cañerías rotas. Las sirenas de varias ambulancias. La sirena de un camión de bomberos. En mi cara, chorretones de sudor y el paladar seco por alguna pizca de escombro. En mi mano izquierda, sangre. En mi brazo izquierdo, cristales sin profundidad que, en cierto modo, me confirmaban: «has tenido suerte». Poco más en mi cuerpo, un cuerpo como el de muchos vecinos, escasamente tapado por unos boxer y la polvareda.

Las canas no son para luchar

Era joven,
con alguna cana precoz,
pero todavía joven.
Luché,
como si me fuese la vida,
que me iba.
Me dejé la piel.
No tanto por un sueño,
yo no tenía sueños.
Costó, me costó.
Las canas invadieron mi barba,
incluso mis fosas nasales.
Ahí tiré mi juventud,
pero lo logré.
Sin embargo, lo logrado no me llenó
y pasé al otro extremo.
Más calvo que cano,
quedé vacío.
Si hubiese tenido un solo sueño.
Si hubiese luchado por él.

Oído de ladrona

Laura, turista en temporada alta, vestía una riñonera mal ajustada en cuyo interior se mezclaban billetes arrugados, pero gordos, y calderilla, mucha calderilla. Al andar, la calderilla repicaba tanto que la riñonera parecía un sonajero.

Por aquella zona, Patricia ejercía de ladrona, una ladrona que se movía con los cinco sentidos, en especial, el oído. En la primera esquina, Laura y Patricia chocaron. Al chocar, la riñonera de Laura se desató y cayó al suelo. Laura, sofocada por el susto, olvidó su riñonera, se disculpó y se alejó. Patricia, en cambio, reparó en la riñonera y se agachó para recogerla. Se la pasó de una mano a otra. Surgió un sonajero desacompasado por la calderilla. Patricia, ladrona de oído exigente, reconoció aquel ruido barato. Ni se molestó en abrir la riñonera.

—¡Disculpe! —gritó Patricia—. Esto es suyo.