Tu búsqueda

Ayer buscabas en otras personas. Te buscabas en ellas. Inspeccionabas sus rostros, a veces sus cuerpos. Eras un arqueólogo en un yacimiento y no encontrabas más que murciélagos que se espantaban con el foco de la linterna. Triste.

Hoy sonríes con los labios, por los pómulos y en las pupilas. Hoy el castaño de tus ojos pincela tus ojeras. Hoy no escondes esas arrugas de la treintena avanzada. Hoy presumes del colmillo de leche que no se te cayó de pequeño y apenas resiste la embestida del tiempo. Hoy olvidas. Hoy sonríes a borbotones. Hoy pasas del móvil. Hoy no dices patata frente al espejo del cuarto de baño. Hoy entras a un patio que siempre has ignorado. Hoy te sorprendes con un almendro que, a saber, plantó tu abuelo y cuida tu madre.

Hoy, de pronto, recuerdas. Recuerdas pues tienes memoria. Recuerdas sin aquella tristeza, pero recuerdas. Recuerdas que bien intentabas sonreír ayer, pero siquiera lograbas una mueca. Recuerdas y actualizas tu foto de perfil con el almendro. Aunque no apareces, ese almendro despierta tu mejor sonrisa y, en ella, a solas, te encuentras.