Un negocio extraño

Ernesto apuntaba maneras desde crío. Siempre tuvo iniciativa. Lo demostraba tanto en el colegio como al diseñar avioncitos de papel. Nunca dejó de ir un paso por delante. Nada más acabar sus estudios, abrió una tienda para ganarse la vida.

Era una idea muy novedosa. Comercializaba su tiempo. No había en la ciudad nadie que se resistiera a adquirirle unas horas. Eran los efectos de la aceleración de la vida. Todos necesitaban tiempo.

Ernesto vendió tantas fracciones de su tiempo que lo agotó. Antes de cerrar el año yacía muerto. Visto en retrospectiva, fue una extraña manera de ganarse la vida.