La expedición de mayo

La olla, con un juego de reflejos por el sol abrasador, vibraba sobre un hornillo portátil. El viento ponía a prueba la tienda de campaña. Teresa y, en especial, Nora observaban una jirafa, quizá empequeñecida por la distancia. Una oficial se acercó.

—¿Qué habéis montado aquí?
—Un pequeño tentempié con Nora para que conozca un poco la naturaleza.
—¡Ya! Luego me tocará recoger a mí. —La oficial agarró la jirafa, que resultó caber en su mano—. ¡Qué me lo haga Nora, pero tú!
—No regañes a la yaya, mamá.

Nora rompió a llorar. Ante sus lágrimas, la oficial, aunque muy harta, recordó ser la hija de Teresa y la mamá de Nora.