El revuelo

Todo comenzó con una ambiciosa revisión de los cómputos. La suma de dos más dos se estiraría hasta cualquier cantidad. Era la diversificación del mercado de la aritmética. Muchos colmaron su avaricia, pero hubo algún leve percance. Mi garganta, acostumbrada a hablar el lenguaje de las matemáticas, quedó muda. Carente de voz, desarrollé una malformación anatómica. Hubo una violenta pugna entre mi afonía y la gravedad. Mis hombros no bastaban para el peso de una existencia que reclamaba una docena de ellos. Con mi desplome, al caer entre caídas, comprendí que las leyes de la naturaleza desplazan por jerarquía a cualquier normativa humana.

Aritmética de ayer y hoy

Un semestre lo dedicamos a la suma de seis más seis. La economía se movía de media docena en media docena. En la carrera de matemáticas, repetí los mismos cálculos. Teníamos diez dedos, existían dieciséis colores y de las veinticuatro horas diarias, faltaban un par, pero no más.

Ahora me he tenido que actualizar. Se ha sintetizado en un laboratorio, pero sospechan que pronto se encontrará en la naturaleza. Lo descubrieron el año pasado. La alegría fue tal que este año ha sido nombrado en su honor. Se trata del número 2020.