Portugal como buen vecino

Literatura, música, costa atlántica, buena cocina, un idioma que se parece al castellano.

Una lengua que, de oídas, no resulta inmediata, pues tienen varios sonidos vocálicos: vocales nasales, abiertas, cerradas. Sin embargo, entender su expresión escrita es asequible sin un estudio previo. Por lo menos, ese fue mi caso, pues jamás he estudiado portugués, si bien, lo confieso, he indagado un mínimo.

Un día de tantos, pensé en la influencia que ejercía —y sigue ejerciendo— el mundo anglosajón sobre nosotros y me decidí a adentrarme en los mimbres de otro país. Por cercanía, la opción clara era Portugal. Descubrí al cantautor Jorge Palma. También a los cantantes Pedro Abrunhosa y Mafalda Veiga, a la banda de rock Xutos & Pontapés.

Poco más tarde, en un visita a Oporto, me hice con una novela de un joven que acababa de ganar el Premio José Saramago. Este joven era Gonçalo M. Tavares, con su novela Jerusalén. Me encantó. Era dura, muy dura y tan exquisita. Para mi sorpresa, la lectura en portugués resultó fluida. Del mismo autor, una serie de libros englobados como El Barrio, pero en español, creo que traducidos bajo El Reino. Entre ellos, destaco El Señor Henri.

Hasta aquí, mi limitado conocimiento del país vecino.