Portugal como buen vecino

Literatura, música, costa atlántica, buena cocina, un idioma que se parece al castellano.

Una lengua que, de oídas, no resulta inmediata, pues tienen varios sonidos vocálicos: vocales nasales, abiertas, cerradas. Sin embargo, entender su expresión escrita es asequible sin un estudio previo. Por lo menos, ese fue mi caso, pues jamás he estudiado portugués, si bien, lo confieso, he indagado un mínimo.

Un día de tantos, pensé en la influencia que ejercía —y sigue ejerciendo— el mundo anglosajón sobre nosotros y me decidí a adentrarme en los mimbres de otro país. Por cercanía, la opción clara era Portugal. Descubrí al cantautor Jorge Palma. También a los cantantes Pedro Abrunhosa y Mafalda Veiga, a la banda de rock Xutos & Pontapés.

Poco más tarde, en un visita a Oporto, me hice con una novela de un joven que acababa de ganar el Premio José Saramago. Este joven era Gonçalo M. Tavares, con su novela Jerusalén. Me encantó. Era dura, muy dura y tan exquisita. Para mi sorpresa, la lectura en portugués resultó fluida. Del mismo autor, una serie de libros englobados como El Barrio, pero en español, creo que traducidos bajo El Reino. Entre ellos, destaco El Señor Henri.

Hasta aquí, mi limitado conocimiento del país vecino.

Spotify en un abril confinado

«Una noche sin ti» y «Esto es un atraco», ambas de Burning y la segunda en directo junto a Sabina. La reproducción aleatoria de «canciones que me gustan» en Spotify arranca fuerte; de cuando La Elipa no contaba con una parada de Metro.

La tercera es «Personal Jesus», no la original de Depeche Mode, sino la versión a cargo de Johnny Cash. He de admitirlo, apenas aprecio la música de Cash. Carezco de tal sensibilidad. Me encantan, sin embargo, las versiones que se sacaba de la manga: «Hurt», «One», «I Hung my Head».

La cuarta es una de Phil Collins, cantante al que apenas escuchaba, al que voy descubriendo sin prisa y con infinitas pausas. El tema, en concreto, es «Another Day in Paradise».

La quinta es un descubrimiento muy reciente y aislado: «Snake Charmer», tema interpretado por Parov Stelar y Kovacs. No sé muy bien quiénes son, no sé cómo llegué a ellos, pero suenan bien.

La sexta es «Louco (por ti)», una canción portuguesa, pero no un fado. Portugal, como todos los sitios, es algo más que sus tópicos. La interpreta Mafalda Veiga con la colaboración de João Pedro Pais. O viceversa. Bien pudiera ser un tema de João Pedro Pais en el que colabora Mafalda Veiga. De Mafalda Veiga, recomendaría «Por outras palavras» y «Cúmplices», aunque la más conocida sea «Cada lugar teu». No se trata de rock, sino de pop de cantautora.

La séptima es «Dream On» de Aerosmith, una obra maestra que, además, como curiosidad, serviría de base para «Sing for the Moment» de Eminem.

La octava es «House of the Rising Sun», interpretada —y popularizada— por The Animals. Es una canción popular cuyas raíces se remontan al siglo XIX. La protagonista original, si no me columpio, era una chica que trabajaba en un prostíbulo y no un borracho ludópata. Existen, no obstante, multitud de versiones.

La novena es mi favorita de los Rolling Stones: «Paint it black». Ni la canción ni el grupo necesitan explicaciones.

La décima —y última de la noche— es «Apply Some Pressure» de los británicos Maxïmo Park. Se trata de una banda de los años 2000 formada en Newcastle. Durante un tiempo, me aficioné a ellos.

Música para confinarse (2)

«Dirty Blvd» es el relato de un niño, sin sueños, que sueña con crecer y matar a un padre que lo maltrata. Una maravillosa creación, un texto doloroso, una descripción oscura, una inmensa interpretación, otra genialidad de Lou Reed. Su versión de estudio, en el «New York» (1989), conmueve. Existen, a lo largo de los años, distintas versiones en directo; personalmente me quedo con la del «Animal Serenade» (2003) por la potencia e intensidad que alcanza a mitad de actuación. Al final de la canción, a propósito de un libro de magia, aparece la esperanza de escapar volando del bulevar.