Donde solíamos gritar

No me salpiques. Bebe con talento. No te preocupes. La distancia entre la ausencia y el jamás no es tan reducida. Ya volverá. Al final, sois la una para el otro. Ya verás, vendrá y yo me iré donde solíamos gritar. Volverá y yo, en el peor de los casos, me quedaré con las ganas de volver a follarte. Será, a saber, agosto. Traerá vino blanco. Y yo, ya en un jamás definitivo, quedaré afónico.

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