Aprender a ser una bruja

El legado de la abuela no se hizo ceniza. La tinta de sus libros era de fuego. En la hoguera, prendió el papel, pero las palabras estaban en su medio. Las llamas jamás se consumieron. Todavía, de cuando en cuando, algunas jóvenes se acercan a ellas y curiosean el mundo de las brujas. Se calientan las manos, el cuerpo. Leen la mitología a sus espaldas, ven las sombras que proyecta toda luz y aprenden a volar.

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