Una disculpa en el reencuentro

Castillos de Escocia, molinos de Campo de Criptana. A saber. Te saqué tantas y tantas, pero le conociste por la foto de Leganitos. Una calle con todos los lamentos: los nuestros, los de su propio asfalto. Pero la pose, pero tu mueca.

No creas. Nadie me contó. Me topé contigo sobre aquel recuerdo gris de Leganitos. Ya ves. Yo también. Tinder es la nueva verdulería.

Rompiste con él y con el siguiente del otro más. Un día nos cruzamos por Atocha. Dos besos, un «no me quejo» y una disculpa por mi parte. Ya mediocre como marido, había sido peor como fotógrafo.

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