Un dulce asco

Mitad de un camino olvidado,
mitad de un otoño para olvidar.
Un coche
—con alerón, pero sin publicidad—
derrapa en el Atlántico más próximo.
Nos empapamos.
El olvido se redondea,
pero te iluminas.
Aunque no te sigo,
caen las primeras risas del otoño,
unas que, de olvidadas,
no habían existido nunca.
Y el Atlántico era más lodo.
Y tu luz.
Y las antinieblas traseras embarradas.
El otoño se redondea.
Un dulce asco,
supongo.
«Pero mantengamos la amistad»,
me veo proponiendo
y asientes y me abrazas.
Y quedo calado por otro tipo de barro.
Un dulce asco.
A veces, no sé por qué hablo.
A veces, no sé por qué me cubro de asco.

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