La estatua

La madrugada sigue y la estatua no pega ojo. Ya lo sé. Las estatuas duermen tanto que no pertenecen a los vivos. Pero, pero, pues. Todo comenzó cuando un coche se estampó con ella. Algunos creen que teme por ella. Pero. Pero qué sabrán. Pues esos no se han topado con el olor a sal que quedó en toda la manzana. Ella ya lo sabía. Antes de la irrupción de las sirenas, la estatua ya lloraba al grito descompuesto, a la familia muerta.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .