Montaje y reparación de veletas (4)

Sin ir más lejos, un ex alumno mío, que no acababa de romper por ningún lado, tras dialogar con Enrique, se inspiraría y le dedicaría una publicación en su blog: «Hay prohombres, que sin carrera universitaria, sientan cátedra. Resulta comprensible. Yo, treintañero, ingeniero y parado, no me he movido lo suficiente. Pasados los veinte, ya viejo, me merezco la indiferencia que me manifiesta la empresa privada. Es justo. Más vale una mueca, un cumplido o una buena mamada que el conocimiento. Con todo, gracias a mi exclusión, España funciona de maravilla. Yo, como buen patriota, me siento un soldado caído y al ver las últimas banderas conquistadas, me reconforto con nuestro esplendor patrio. España conoce su época dorada. Yo, insensato, torpe y titulado, recibo mi merecido. Lo acepto. Algún día moriré y a mi tumba, sin herencias que legar, me llevaré mi sincera admiración por los prohombres».

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