El cauto

Aquel día Uglu Virtanen se deslizaba por un tobogán. Carecía de sueños. Un granuja le invitó a soñar. Uglu Virtanen receló pues lo soñado sólo acarrearía estragos. El menor de los males vendría al despertar acalorado por la indigestión de una pesadilla. El mayor sería saborear la suculenta ensoñación y vomitar la realidad.

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