El fontanero

Aquel día Ernesto Julca comprobó que se había convertido en fontanero. Muy apropiado, se dijo a sí mismo. No era para menos. Venían unos fuertes olores del cuarto de baño. Las cañerías posiblemente. Se puso manos a la obra. A mitad de la chapuza, se esfumaron todas sus nociones de fontanería. Justo a tiempo, pensó nuevamente. Era la hora del bocadillo.

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