La ternura

Mientras nos abrazamos, solamente baja tu copa. Intentas, con todo, enfrentarte a la soledad. La ignoras. Sigues adherida a mí. Sonríes frente al vino sin admitir que te sientes sola porque estás sola. No hay nada raro. Repliegas la lengua. Muerdes la mía. Descienden tus manos para acariciar mi abdomen. Deslizas los mimos. En el descenso, tu tierna caricia estruja intensamente mis testículos. La soledad persiste. No hay nada raro. ¿Acaso estoy? ¿Existo siquiera? No te agobies. Es recíproco. Esta noche yo también me embriago con tu ausencia.

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