La piedra

El ratón llegó a su consulta sin tiempo de roer el queso que guardaba en la bata pues varios pacientes esperaban. El primero de ellos era un pato que decía tener una piedra.

—Me molesta poco, pero me pesa mucho.
—Le haré una radiografía.

El pato, que iba vestido, se desnudó y se hizo la radiografía, en cuya imagen no se vio nada.

—¿Cómo sabe usted que tiene una piedra? —preguntó el ratón.
—La cogí en la charca, doctor.
—Las piedras no se cogen así.
—Claro que sí. Espere.

El pato fue a por su ropa y de un bolsillo, sacó una piedra.

—¿Es ese su problema? —preguntó el ratón.
—Sí, como le dije, me pesa mucho.
—Deme la piedra, por favor.
—Tenga.
—Ahora vístase. ¿Se encuentra mejor?
—Sí, gracias doctor.
—No hay de qué.
—Noto con todo un pesar, uno distinto.
—¿La falta de un objeto querido?
—Exacto, doctor.
—Tenga la piedra.
—Gracias.
—¿Se encuentra mejor?
—De fábula.

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