Inmejorablemente imperfecto

Es temprano y, nada, no ha habido manera, no he tenido tiempo de desayunar. Todavía tengo la leche en el microondas y ya he recibido un fajo de mensajes. El teletrabajo es un mal invento. Llevo un mes frenético, a destajo, agobiado. Me están exigiendo entregar el diseño web y le estoy echando más horas de las que jamás hubiese echado en la oficina. El cliente, un cansino donde los haya, está impaciente. Ya sé que no hay tiempo. Ya sé que lo quiere para ayer. Ya sé que le corre prisa. Ya sé que me he retrasado. Ya sé que debo entregar el diseño hoy. Ya sé, ya sé.

Este diseño es delicado, pues afecta a una web que está siendo usada y que funciona de maravilla. No se trata de hacer algo nuevo sino de hacer algo mejor. Tiene algo de apuesta. El cliente quiere un diseño web que rompa con lo anterior, pero a la vez, que mantenga la continuidad. El cliente es tal cual, un cachondo que suelta ideas opuestas, se echa un piti y se queda tan pancho.

Debo mantener la calma. Tampoco queda tanto. Estoy en la recta final. Me noto nervioso, pero con un piti, se me pasará. Cojo el paquete de Nobel y no me lo creo, pero no queda ni uno. ¿Cómo voy a acabar el puto diseño sin un maldito Nobel? Irene tendrá tabaco, pero será Marlboro. ¿Cómo estoy con una chica que es fascinante, pero que fuma la marca que me da cagalera?

Tampoco tengo que desesperarme. En principio, el diseño web está acabado. El cliente lo ha visto y ha dado su aprobación. Sin embargo, la última revisión está pendiente. Yo, como responsable del diseño, me juego el tipo. Parece una pijada, pero no lo es. El diseño llevará mi firma y si no soy cuidadoso, joderé la marrana. Es un diseño para la web de un tocapelotas, pero ese tocapelotas tiene contactos y con suerte, quizá dé un empujón a mi vida. Sería cuestión de tiempo.

No debo meter la pata y no la meteré. Veo el diseño y no es por echarme flores, pero todo ha quedado de puta madre. Sin embargo, cuanto más me acerco al final, más quisquilloso me vuelvo. Veo tantos matices en el diseño que me pongo malo. Me fijo en un enlace a un recurso externo y su estilo me pone atacado. No sé si es el color, la tipografía o qué cojones pasa. Estoy que me subo por las paredes. Pasan las horas, necesito algo y bien pensado, nadie se muere por una cagalera. Busco en la mesilla de noche de Irene y saco de todo, excepto esa mierda etiquetada como Marlboro.

Mientras veo todo lo que guarda Irene en su mesita de noche, me viene a la cabeza que hace poco dejó de fumar. No solo me lo dijo, sino que me lo ha ido contando día tras día. Soy un capullo de cuidado. En realidad, no olvido nada, pero dejo en un segundo plano las movidas de Irene, como si ella fuese cualquier persona, cuando sin duda, es lo mejor que me ha pasado jamás. Todo por este puto diseño web, pues, incluso en mis ratos libres, he tenido el runrún en la cabeza. Jodida vida. Ahora que caigo, había algo más. Irene me habló también de una merienda por el cumpleaños de la zorra de mi suegra. Debería mirar el calendario por si las moscas.

Apenas me atrevo, pero miro el calendario y me topo con lo que le faltaba a mi día. El cumpleaños es hoy y la merienda comienza en un rato. Así se resume mi puñetera suerte. A veces, no estaría mal que prestase atención y supiese de qué va mi vida. Lo mismo ha pasado con el diseño web de los cojones. Me comprometí a lo loco y ya bien avanzado, descubrí que tenía un cagaprisas por cliente. Mejor no calentarme los cascos. Inspirar y espirar. Tengo que reaccionar. Inspirar por la nariz y espirar lentamente por la boca. Con internet y los datos móviles, será verdaderamente simple. Antes de ir al cumpleaños, dejaré subido el diseño a la nube y para ello, no necesitaré complicarme en absoluto, pues Google Drive servirá. Luego asistiré a la merienda y con el móvil, seguiré trabajando. Mis suegros notarán que no despego los ojos del móvil, pero a día de hoy, todos estamos viciados y todos hacemos lo mismo. Pasaré como uno más. Todo me parece arreglado. La vida es bonita y me calmo.

Cojo el coche y tras pasar por una floristería, llego puntual al piso de mis suegros. Saludo a los presentes. Llevo el móvil en el bolsillo y siento que todo está bajo control. Mi suegra ya no me parece tan zorra y le entrego un ramo de flores. Irene, que esperaba mi presencia, pero no que llegase con ningún ramo para su madre, pone su cara de novia orgullosa. Es el momento. Le digo que me acompañe al rellano, le cuento la movida del diseño web y le pido que me eche una mano. Simplemente necesito estar en el cumpleaños sin realmente estar, es decir, quedarme en una silla y que nadie me moleste. A Irene se le tuerce un poquito el gesto, pero es una buenaza y justo ahora, se siente orgullosa de mí. No duda, al menos no mucho, y acepta, una vez más, ser mi cómplice.

Irene cumple su parte y logra que yo trabaje realmente a gusto. El diseño web nunca me parece perfecto, pero pienso en Irene y recuerdo que fumaba Marlboro. En la vida, nada es perfecto. Irene no es perfecta, pero es lo mejor que me ha pasado. Miro el diseño web y veo a Irene. Sé que no es el mejor diseño web del mundo, pero a la vez, siento que nada lo podría mejorar, pues es inmejorablemente imperfecto. Así que le pongo mi nombre a modo de firma y sin vacilar, realizo la entrega desde el móvil.

Al final, quién lo diría, ha habido tiempo.

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