La soledad de una cafetería

Pasadas las ocho,
tomo un café dos veces frío:
ardiente y sin compañía.
La soledad en Zaragoza
es un incendio cerca de mi casa,
la de allá, pues ahora es allá, la de Toledo.
La llama de no coger el tren.
La llamada a la tranquilidad,
un no pasa nada,
aunque, pero, aunque,
ya sabes, siempre pasa.
Alcanzadas las nueve,
remuevo los posos de la taza:
ascuas y ceniza.

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