El ángulo desigual del isósceles

Ira y lágrimas. Dejó la pistola y se puso a leer el diario de la otra, la amante de su marido. Comprobó que era un filón literario. Secó su llanto. Sonrió. Descartó suicidarse, pues se aseguraría, al menos en parte, los derechos de explotación.

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