El tonteo

Paseábamos por Martín de los Heros. Los cines Golem se llamaban todavía Alphaville. No recuerdo la cafetería. Apenas tomé un par de notas. Nos agradó la mordida del café en nuestros labios. Estaba helado. Al atardecer fuimos al parque del Oeste. Alcanzamos el merendero. Un cosquilleo nos despertó. El frío comenzó besando los dedos de nuestros pies. En su gélido ascenso, consiguió activar nuestros instintos más primarios. Tiritábamos. Regresaron sentimientos que habíamos dado por perdidos. Me hiciste prometer que no reduciría la inmensidad de nuestro hielo a un triste párrafo. Realizamos nuestra ofrenda a los petirrojos. Con el corazón aún destemplado, partimos al bullicio de Moncloa. Las pequeñas deidades aladas habían agradecido nuestras migas. Gozábamos de su favor. En el intercambiador, te dirigiste a la línea 3. Nuestro adiós quedó congelado, mientras yo tonteaba con los andenes del circular. En el autobús a Toledo, me agobié. Me sacudió el calor. De repente, sudaba. Tuve que recurrir a tu recuerdo helado.

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