Rojo in crescendo

Patricia sonrió al camarero, un camarero que, agotado de servir copas, pretendió no darse cuenta. David, que estaba en la barra con su tercio vacío, malinterpretó la sonrisa. Imaginó que era para él y se puso rojo. Patricia, que estaba en todo, vio la cara colorada, olvidó la indiferencia del camarero y se presentó a David con un «estudio filología hispánica». Era su presentación habitual. Patricia anteponía su disciplina a su nombre.

Fuera nevaba sobre nevado y las predicciones alertaban de nuevas nevadas. Dentro, sin embargo, la discoteca se contagiaba del calor de las caderas. David, más rojo todavía, sonrió y sintió el calor, no de los movimientos de caderas, sino de su garganta reseca. Se había quedado mudo. Sonriente, pero callado, intentó, pero no pudo responder.

—¿Tomará otro? —el camarero recogió el tercio y miró a David.
—Sí —David recobró la voz.

Un comentario en “Rojo in crescendo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .