Amigos

Mis compañeros están en el piso. Uno en su cuarto, otro con nosotros. Con ellos o sin ellos, no pasará nada. Apoyas tu cabeza en mi regazo y sufro un peso, un doble peso: el de tu pelo sobre mi muslo, el de mis dudas sobre los hombros. Te incorporas. Me acaricias. Me dejo besar. Nos acurrucamos en un abrazo más tuyo que mío, pero nuestro. Te desnudas de cintura hacia arriba. Me dejo desnudar. Tus pechos desaparecen en mis manos. Mi compañero carraspea y llama a la puerta del otro a contarle que, una vez más, no pasa nada.

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